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La hipnosis

La hipnosis es un estado mental inducido en el que nos encontramos en los límites entre la vigilia y el sueño, es decir, una situación en la que una parte de nuestro cerebro se encuentra despierta y muy concentrada, y otra dormida.

Existen muchos mitos en torno a la hipnosis que la describen como peligrosa, pero lo cierto es que si se utiliza correctamente puede tener efectos muy beneficiosos para la medicina en general y la psiquiatría en particular.

Entre los falsos mitos que circulan alrededor de la hipnosis está el de que alguien hipnotizado sea inducido a cometer un delito, o el de que el hipnotizado no llegue nunca a despertarse. Ambos son carentes de sentido puesto que durante la hipnosis ocurre como en el sueño, que existe una zona en el inconsciente que permanece despierta y que vigila para restaurar rápidamente el estado de vigilia en un momento crítico. Por eso el hipnotizado no jamás está indefenso en manos del hipnotizador.

Pero la hipnosis nos es menos ajena de lo que todos podamos pensar ya que cualquiera hemos estado en una situación de ligera hipnosis sin ser conscientes de ello. Por ejemplo cuando nos ocurre que nos encontramos absortos en alguna actividad (leyendo un libro, viendo la tele, etc.) y no nos damos cuenta de que alguien nos está hablando, o cuando nos quedamos totalmente embelesados mirando algo, o cuando soñamos despiertos. En este tipo de circunstancias estamos concentrados de una forma tan intensa en algo en concreto, que no nos damos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor y por tanto podemos decir que estamos sumidos en un estado de hipnosis ligera.

Esta es precisamente la característica más peculiar de la hipnosis: la concentración selectiva de la atención. Esto quiere decir que nuestra atención se concentra en una cosa en particular y esta concentración va creciendo en intensidad al tiempo que disminuye la concentración en todo lo demás.

Lo que ocurre durante una sesión de hipnosis es que la atención del sujeto está dirigida exclusivamente hacia la voz del hipnotizador y hacia lo que éste le va diciendo. Sus palabras crean un núcleo de atención en el sujeto mientras que las áreas cerebrales responsables de la organización lógica del pensamiento y del control racional son "puestas a dormir" para que no interfieran. De modo que el hipnotizador puede ir despertando temporalmente las diferentes áreas del cerebro del paciente que desee para más tarde hacer que se sumerjan de nuevo en el sueño y activar otras distintas.

El hipnotizador puede llegar a inhibir sensaciones como la de dolor haciendo que el paciente "olvide temporalmente" que le duele una parte de su cuerpo, impidiendo que pueda mover una extremidad durmiendo la parte del cerebro responsable de dicho movimiento, hacer que sienta frío o calor o que crea que es un determinado personaje histórico. El hipnotizador puede incluso, inducir al paciente mediante sugestión a que vea objetos que no existen en realidad. Incluso la percepción extrasensorial puede llegar a ser activada a través de la hipnosis.

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