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Superar los pensamientos obsesivos

Salud y Belleza 22/10/2015

A todos nos ha pasado alguna vez que somos incapaces de dejar de darle vueltas a algo que nos preocupa, nos genera dudas o nos asusta. Puede ser la duda de que nuestra pareja nos es infiel, el miedo a que les suceda algo malo a nuestros hijos cuando están en la calle, a no saber desempeñar correctamente un nuevo trabajo, a ponernos enfermos, a que nos roben… O también puede tratarse de algo que hemos hecho o dicho y que repasamos una vez tras otra pensando en qué hubiera pasado si nos hubiéramos comportado de otra manera.

Estas preocupaciones se convierten en obsesiones cuando sentimos que no tenemos ningún control sobre lo que nos sucede: somos incapaces de concentrarnos en nuestro trabajo, nos impiden dormir, nos quitan las ganas de comer... se instalan en nuestra vida produciéndonos un gran desasosiego que no somos capaces de detener.

El mecanismo que nos conduce a la obsesión es curioso, ya que surge de lo que podríamos de abordar los problemas de forma lógica y sensata. Esto es lo que sucede: ante la incertidumbre, el sentido común nos conduce a buscar una solución a esas preocupaciones que pueda dejarnos tranquilos, de modo que ponemos nuestra mente a funcionar buscando una respuesta que nos haga sentir seguros de que eso que tanto tememos no va a pasar. Pero puesto que no podemos predecir el futuro ni anticiparnos a lo que va a suceder, cada vez que buscamos soluciones para posibles situaciones con las que nos podemos encontrar, nos surgen nuevas dudas que nos obligan a buscar nuevas respuestas. Aumenta en definitiva nuestra inseguridad. Terminamos por caer en un círculo vicioso duda-respuesta que se convierte en una especie de nube negra que nos acompaña y que nos impide ser felices.

Superar los pensamientos obsesivos

En otro tipo de situaciones nuestra mente reacciona ante la preocupación induciéndonos a asegurarnos, a través de la comprobación de nuestros propios actos. Así, por ejemplo, comprobamos que la puerta de nuestra casa está cerrada después de haberla cerrado o repasamos nuestro trabajo una vez hecho ante el miedo a haber cometido un error.

Esto, que en un principio no representa ningún problema se acaba convirtiendo en tal cuando una vez comprobado aquello que nos preocupa, nos seguimos preguntando si lo hemos comprobado bien. De modo que volvemos a comprobar lo que ya habíamos comprobado y caemos en la secuencia duda-comprobación cada vez que nos asalta la duda para así quedarnos tranquilos. Sin embargo, cuanto más lo hacemos más necesidad tenemos de volver a hacerlo, hasta el punto de que la repetición puede llegar a convertirse en un comportamiento compulsivo que no podemos abandonar y que perdura en el tiempo. En ese caso hablamos de trastorno obsesivo compulsivo o TOC y es necesaria ayuda médica para tratarlo. Pero los tratamientos médicos son eficaces y logran que la persona afectada se enfrente progresivamente a la causa desencadenante de su miedo o preocupación y además le permiten desarticular ciertas creencias internas relacionadas con frecuencia con los sentimientos de culpabilidad y responsabilidad.

Cuando sintamos que nuestras preocupaciones diarias nos roban demasiado tiempo es el momento de actuar. No es necesario comprobar cómo esas preocupaciones acaban por convertirse en obsesiones. Necesitamos dejar de pensar la vida y empezar a vivirla. En la acción encontraremos el mejor antídoto contra la inseguridad. De modo que cuando nos asalten las dudas podemos optar por bloquear nuestra propia cadena de respuestas para de esa forma dejar de derrochar nuestra energía en la búsqueda de conclusiones y certezas ya que la vida no está hecha de éstas sino de experiencias. Solo así lograremos detener la preocupación y recuperar nuestra paz mental.

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