Horóscopo de Hoy

Pensar con la cabeza, los intestinos y el corazón

Hasta ahora se creía que teníamos un único cerebro ubicado en nuestra cabeza, pero recientes estudios han descubierto que tenemos otros centros de inteligencia conocidos como el segundo y el tercer cerebro ubicados en los intestinos y en el corazón en cada uno de los cuales existen neuronas.

El talento, el compromiso y la creatividad parecen estar mucho menos inducidos por el cerebro de la cabeza que por los otros centros de inteligencia recién descubiertos. De hecho, se cree que hasta el 96% del éxito en la vida y en el trabajo depende de los cerebros del intestino y del corazón, no sólo de la cabeza.

Depender sólo del cerebro pensante es insuficiente y en ocasiones no sólo es irrelevante para la adquisición y expresión de destrezas, sino que además puede interferir en ellas. Siempre que utilizamos demasiado en el cerebro de la cabeza, aparecen luchas innecesarias. El motivo está en que siempre que el cerebro de la cabeza opera sin estar coordinado con los cerebros intestinal y cardíaco, el intelecto realiza principalmente actos cómodos. Nos anclamos en la comodidad y no logramos progresar. Además, sin la implicación de los centros del intestino y el corazón el cerebro de la cabeza termina por saturarse y el análisis nos paraliza.

Neuronas

Gracias a los avances de la neurociencia ahora sabemos que cuando tenemos una experiencia directa, ésta no va directamente al cerebro para que pensemos. Primero llega a las redes neurológicas del tracto intestinal. Al conocido como el sistema nervioso "entérico", o lo que es lo mismo, el segundo cerebro situado en los intestinos y que se encuentra conectado con el cerebro de la cabeza. En esta zona, los científicos afirman que hay cerca de 100 millones de neuronas que le permiten actuar con independencia, aprender, recordar e influir sobre nuestras percepciones y conductas.

Después de que el sistema nervioso entérico digiere una experiencia, le toca al corazón considerarla. El corazón hace mucho más que hacer circular la sangre, posee capacidades muy potentes y complejas. Utiliza su circuito para aprender, recordar y responder a la vida. El corazón utiliza los mensajeros químicos del sistema hormonal para comunicarse y desempeña un papel crucial a la hora de comunicar a todo el cuerpo motivación y sentimientos. Los cambios eléctricos de los sentimientos transmitidos por el corazón humano pueden sentirse y medirse al menos a un metro y medio de distancia e incluso a tres metros.

La tercera parada de los impulsos nerviosos es un área en la base del cerebro conocida como médula. Allí existe un enlace vital con lo que se conoce como RAS (Sistema Reticular Activado) Éste organiza los impulsos que llegan al cerebro cada segundo desviando lo secundario y dejando pasar lo vital para alertar a la mente. Pero esta parte del cerebro, que millones de años atrás sirvió para que nuestros antepasados lograran sobrevivir, ha evolucionado hasta ampliar los mensajes negativos de entrada y atenuar al mínimo los positivos. Por lo que si solo escuchamos los mensajes filtrados por el RAS y no aprendemos a guiar y manejar su influencia, puede dominar nuestras percepciones y paralizar nuestro progreso.

Al abandonar el RAS, la comunicación neural viaja hasta el sistema límbico, donde se sitúan las emociones en el cerebro, desde donde percibimos el mundo y damos respuesta al mismo.

Por último la comunicación neural llega hasta la corteza cerebral, o lo que es lo mismo, la zona pensante de nuestro cerebro. Es decir, que tras haber sido sentida e interpretada por los intestinos, el corazón y otras regiones cerebrales lo último que hacemos es pensar.

Por ello debemos escuchar con atención todas nuestras fuentes de sabiduría e intuición y no solo una. Debemos preguntarnos qué nos dicen nuestras vísceras y nuestro corazón sobre aquello que nos preocupa. Con el tiempo nuestra capacidad para tomar decisiones mejorará y profundizará y tomaremos mejores decisiones.

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