Horóscopo de Hoy

La inteligencia corporal

La inteligencia corporal es la inteligencia innata que posee nuestro cuerpo para funcionar de forma coordinada en equilibrio y armonía, adaptándose al medio así como a las situaciones más difíciles que nos trae la vida. Pero pese a tratarse de una inteligencia inherente al ser humano, podemos ayudar a nuestro cuerpo a desarrollarla con el fin de que seamos capaces de disfrutar de una vida más plena.

La inteligencia corporal se basa en tres principios:
- El cuerpo es un organismo, y por ello organiza nuestra mente, define nuestro estado de ánimo, influye en nuestros sentimientos, sensaciones, pensamientos y en nuestra relación con el entorno.
- Nuestro cuerpo está en constante cambio, como también nuestra relación con él y con el entorno.
- Además siempre está en proceso de adaptación, bien sea al medio, a los nuevos sentimientos, percepciones o al discurrir de la mente.

La inteligencia corporal guarda una estrecha relación con el movimiento puesto que éste último ayuda a que la inteligencia corporal mejore. Pero el movimiento más eficaz es el movimiento consciente, que es aquel que requiere de la percepción y la concentración.

El movimiento consciente se basa en sentir el cuerpo y su optimismo vital de forma consciente, darle apoyo y cuidarlo para que las células hagan su trabajo eficientemente, estimular su inteligencia y ver la vida desde un punto de vista más positivo. Consiste también en mirar, observar, contrastar, sorprenderse y no juzgar mientras nos estamos moviendo. Se trata de llevar la mirada hacia el interior y ser capaz al mismo tiempo de percibir los cambios del entorno.

Mujer relajada hierba

Si observamos nuestro cuerpo en la vida diaria (por ejemplo cuando esperamos en el autobús, o cuando estamos sentados en una silla) observaremos que tenemos muchos hábitos corporales obsoletos que pese a estar instaurados en nuestro cuerpo de forma inconsciente, no responden a nuestras necesidades actuales y a menudo no permiten a la respiración liberar el diafragma. Ser consciente de ellos es el primer paso para empezar a cambiarlos, aunque desde luego no es una tarea fácil y a menudo es necesario recurrir a técnicas terapéuticas (bioenergética, terapia reichiana…).

Los cambios que llevemos a cabo para librarnos de esos hábitos obsoletos deben ser pequeños y sencillos y su realización ha de ser lo más lenta posible, para poder darnos cuenta de la cantidad de elementos que participan en un movimiento. Por ejemplo, podemos aprender a relajar más los hombros evitando subirlos sin darnos cuenta. Tras habernos concienciado en un nuevo movimiento, nos limitaremos a disfrutar de él o de lo contrario acabaremos siendo demasiado conscientes de nuestro movimiento en vez de llevarlo a cabo.

Pero además el movimiento también está condicionado por el entorno. El movimiento del entorno tiene un ritmo que nos afecta, condiciona y apoya, y está determinado en buena medida por el ritmo de la luz. Si queremos aumentar nuestra inteligencia corporal debemos respetar los ritmos que sintonizan con la luz: es decir, los ritmos vitales de comer y dormir. Pero un ritmo no es algo férreo y debemos adaptarlo a las estaciones del año. Por ejemplo no es lo mismo el ritmo de comidas que llevamos en verano, cuando nos apetecen cosas frías y ligeras, que en invierno, cuando nuestro cuerpo nos demanda comidas más calóricas.

Por último, destacar que al desarrollo de la inteligencia corporal contribuye enormemente nuestra capacidad para relajarnos, es decir, para aplicar la tensión adecuada para cada cosa y no más, teniendo la capacidad de poner más tensión o disminuirla cuando se requiera. Dicha tensión se minimiza cuando estamos tumbados en el suelo puesto que en esta posición somos más conscientes de nuestro cuerpo. En esta postura, escuchar la respiración y visualizarla en nuestros pulmones, sobre todo por la espalda, bajo las axilas y bajo las clavículas nos ayudará enormemente a relajarnos.

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