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La importancia de las palabras

Las palabras no son sólo sonidos o símbolos. La palabra es una de las herramientas más poderosas con las que cuenta el ser humano, puesto que le permite expresar sus pensamientos y creencias, comunicarse con sus semejantes, relacionarse con éstos, pensar, etc.

Las palabras nos afectan emocional, material y físicamente pues son capaces de producir cambios físicos muy profundos en nosotros. Por ejemplo, un minuto de pensamiento negativo deja al sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas.

Durante la infancia, la importancia de las palabras con las que se habla a un niño es determinante pues marcarán toda su vida. De ellas dependerá la autoestima y el concepto de la vida que éste tendrá en el futuro pues las palabras poseen la capacidad de fijarse en nuestra mente y generar espontáneamente formas de pensamiento similares. De ahí que sea tan peligroso e inadecuado utilizar con un niño expresiones de insatisfacción o decepción del tipo "Vas a matarme a disgustos", "No se te da bien estudiar" o "Podías haberlo hecho mejor". Cuando alguien crece habiendo oído de forma constante expresiones como estas, lo más probable es que sin ser consciente de ello, esté reforzando a través de las palabras que utilice al hablar de forma habitual esos mensajes que le inculcaron. Por eso es vital que se cuestione si realmente quiere seguir haciéndolo o no.

Madre e hija

Todos deberíamos ser más conscientes de la importancia que tienen las palabras con las que hablamos para escogerlas con más cuidado. De esa forma nos daríamos cuenta de que las palabras de menosprecio hacia uno mismo (Como por ejemplo: "Soy un desastre", "Siempre meto la pata", "No doy una") solo consiguen generar emociones negativas e insanas como ansiedad, culpa, vergüenza y depresión. Estas emociones hacen que actuemos de forma derrotista , que seamos infelices e ineficaces en la consecución de nuestros objetivos. Pero si esta clase de palabras las sustituimos por otras de aliento y esperanza ("Me voy a esforzar para que salga bien", "Voy a intentarlo", "Lo voy a conseguir") lograremos afrontar mejor las situaciones (incluido un eventual fracaso) y nos sentiremos más optimistas.

Otros usos negativos que a veces les damos a las palabras son la mentira y el chismorreo.
La mayoría de las veces quien miente lo hace por miedo al rechazo, vergüenza, ansiedad o culpa. No es consciente de que ocultar la verdad sólo produce duda, incomprensión, distanciamiento y mucha frustración. Mentir solo sirve para crear una imagen distorsionada de nosotros mismos y también de nuestra realidad.
Por otro lado, las personas que se dedican a criticar a los demás suelen hacerlo porque proyectan en los demás lo que detestan en ellos mismos, sus defectos, prejuicios y carencias. Están en el fondo, huyendo de sí mismos. Se suele tratar de personas que no están a gusto consigo mismas, con una baja autoestima y un gran menosprecio por ellos y todo cuanto les rodea que les conduce a la necesidad de hablar mal de los demás. Personas que además suelen culpar al resto del mundo de su infelicidad.

Cuando somos víctimas de las críticas de alguien debemos ser conscientes de que éstas sólo nos afectarán si nosotros dejamos que lo hagan. Podemos evitar que nos ofendan si nos convencemos de que no podemos caerle bien a todo el mundo, y que tampoco necesitamos la aprobación de esa persona. En su lugar, debemos recordarnos nuestra valía personal y de esa forma conseguiremos liberarnos de la presión que supone en ocasiones la opinión ajena.

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