Horóscopo de Hoy

Deja los excesos a un lado

La sociedad de consumo en la que vivimos se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios y por los excesos a todos los niveles. Exceso de horas dedicadas al trabajo, de actividades y compromisos indeseados y de objetos de los que podríamos prescindir. Se trata de una sociedad cuyos valores tienen más que ver con el tener que con el ser, puesto que no sabemos decir que no y no asumimos nuestras limitaciones.

Podemos seguir por este camino y dejarnos llevar por la corriente, o empezar a dirigir nuestra propia vida. El primer paso para lograr simplificar nuestra vida pasa por reconocer y eliminar esos excesos con los que convivimos.

- Exceso de trabajo: El exceso de trabajo se traduce en la aparición de estrés y ansiedad, tristeza, inseguridad, insatisfacción personal, pérdida de memoria, bajada de energía, pérdida de atención, disminución de la creatividad, menos paciencia y más irritabilidad. No excederse en el trabajo no siempre es fácil, pues a menudo no depende de nosotros. Pero podemos conseguirlo marcándonos metas a nivel profesional y personal, en un futuro cercano (por ejemplo dentro de cinco años). De esa forma podremos planificar los pasos que debemos dar para alcanzarlas.
Pero para marcar nuestras metas no podemos fijarnos en los demás y en el modelo de vida por el que optan. Debemos buscar aquello que nos haga felices a nosotros.
Por otro lado establecer metas futuras no significa que no disfrutemos del presente. A menudo vivimos en el pasado (lo cual nos provoca tristeza) o en el futuro (lo que nos provoca preocupación y ansiedad porque no sabemos qué ocurrirá) Lo que debemos hacer es encontrar aquello que nos ayude a vivir en el presente.
No podemos olvidar que una parte importante para no excedernos en nuestro trabajo es aprender a separar la parcela laboral de la personal. Disfrutar en nuestro tiempo libre de entretenimientos que no sean estresantes sino agradables y tranquilos.

Mujer sin excesos

- Exceso de objetos: Los seres humanos acumulamos bienes sin descanso y lo hacemos muchas veces influenciados por los demás. Sucede así con bienes como la casa y el coche y que culturalmente se asocian con la idea de éxito, pero poseerlos no se traduce en una felicidad inmediata ni mucho menos.
No somos conscientes de que a menudo nos convertimos en esclavos de lo que poseemos. Compramos el último modelo de coche, de móvil, de bolso, etc., sin haber disfrutado del que teníamos antes. Para salir de este círculo vicioso en el que se convierte el consumo necesitamos establecer una escala de valores que nos permita distinguir entre bienes imprescindibles de meros caprichos. Hecha esta distinción debemos tratar de ser capaces de adquirir lo que nos guste, no lo que nos muestre la publicidad o las modas.
Directamente relacionado con el consumo están nuestras necesidades afectivas. Si éstas están cubiertas nos será más fácil consumir responsablemente, mientras que si tenemos una carencia afectiva trataremos de llenar con objetos de todo tipo esos vacíos que albergamos.

- Demasiados compromisos: Con frecuencia asumimos demasiados compromisos y actividades que ni siquiera nos apetece llevar a cabo porque le damos a todo la misma importancia, porque buscamos la aprobación de los demás o por temor a las consecuencias de no haberlo hecho.
La sociedad de consumo nos presiona hasta el punto de que nos sentimos culpables si un fin de semana nos abandonamos a la pereza y no producimos. Nos olvidamos de la importancia que el descanso tiene para nuestro cuerpo y de las consecuencias de la falta de descanso (estrés, preocupaciones, rendimiento bajo y falta de energía).
Hemos sido educados en el "sí" pero de vez en cuando debemos aprender a ser un poco egoístas diciendo "no" porque de esa forma nos estaremos diciendo "sí" a nosotros mismos. Si de vez en cuando aprendemos a decir "no" poco a poco aprenderemos a dedicar nuestro tiempo libre sólo a aquello que nos aporta algo.

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