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Amor y éxito

Trabajo y Dinero 23/10/2015

Mucho ha llovido desde que la mujer decidió dejar las tareas del hogar, tareas hasta la fecha puramente femeninas, y comenzó a incorporarse al mercado laboral. Ahora en pleno siglo XXI las mujeres están representadas en todas las esferas profesionales, incluidas aquellas ocupadas exclusivamente por hombres hasta no hace mucho e incluso también los puestos de poder - aunque todavía en menor medida - . Este cambio social ha traído consigo a su vez un cambio en los roles que cada miembro de la pareja asume en una relación sentimental.

Nos encontramos con que es habitual ahora que la mujer pueda tener un puesto mejor que el de su pareja o que cobre un salario mayor. O con parejas en las que es la mujer quien trabaja fuera de casa y el hombre quien se encarga del cuidado de los niños y el hogar. Este tipo de situaciones, que de ser aceptadas por ambos miembros de la pareja no suponen mayor problema, son en otros casos materia constante de discusión.

Para muchos hombres el hecho de que su pareja experimente éxito profesional provoca en ellos una bajada de autoestima, pudiendo incluso llegar a la depresión. Esto sucede porque algunos hombres interpretan el hecho de que su pareja tenga éxito como un fracaso personal, incluso, cuando no están compitiendo entre ellos. Esta situación puede llegar a ser tan insostenible para algunos hombres que reconocen que llega a dañar la relación con el paso del tiempo.

El éxito femenino se convierte para este perfil de hombre en una situación que pone a prueba los pilares sobre los que se asienta su relación evidenciando por un lado, que existen muchos problemas que durante demasiado tiempo han permanecido dormidos, y por otro, que su relación no fue nunca sólida.

Pareja feliz

Una relación sólida jamás se verá afectada por esta clase de situaciones. Pero una solo en apariencia sólida acabará haciendo aguas. En este tipo de relación el éxito profesional de la mujer dará lugar a desconfianza, frialdad, demandas constantes, peleas y observaciones irónicas y descalificadoras por parte de su cónyuge.

Al final muy probablemente la mujer se verá obligada a tener que elegir entre la felicidad en la pareja o la realización en el trabajo. Pero si renuncia a crecer laboralmente solo por salvar su relación tarde o temprano ese sacrificio acabará pasando factura y quizá entonces su malestar aumente al ver que su sacrificio fue inútil. Además, por otro lado y aunque nos cueste verlo, cuando nos vemos obligados a elegir entre trabajo o pareja estamos en realidad eligiendo entre nuestra pareja y sus deseos y nosotros mismos.

La felicidad en la pareja y la realización en el trabajo son conceptos perfectamente compatibles pero para ello, evidentemente, es necesario elegir bien a la pareja. Si a nuestro lado tenemos a alguien que nos acompaña, que nos apoya, que nos ama y que se siente orgulloso de nuestros logros, las dificultades derivadas del éxito profesional (pasar menos tiempo en casa, tener que viajar, tener que atender a compromisos fuera del horario laboral, etc.) no tendrán tanta importancia y juntos encontraremos la forma de solventarlas.

Para llegar a este punto de comprensión y de conciliación de amor y trabajo con nuestra pareja es necesario tener una relación sólida. De modo que no basta con habernos acomodado en una relación fácil y sin complicaciones. Necesitamos vivir una relación en la que nos sintamos cómodos y plenos. Si solo nos acomodamos, cuando las circunstancias menos favorables lleguen será evidente que no somos felices y que simplemente nos habíamos adaptado a vivir de esa forma.

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